Seguro que utilizas la pringue sobrante del puchero para hacer croquetas, preparas una tortilla con las patatas que se dejaron los peques o te marcas una súper ensalada con ese filete de pollo que no te comiste en el almuerzo. Pero, ¿sabes aprovechar las pieles de las verduras y las frutas? Si eres de los que aún tiras a la basura las cáscaras y mondaduras, ¡stop! En esos restos humildes que sueles despreciar hay sabor, nutrientes y muchas posibilidades culinarias esperando una segunda oportunidad.
¿Por qué aprovechar las pieles de las verduras y las frutas?
Y es que la cocina de aprovechamiento, la de nuestras abuelas, vuelve con fuerza. No sólo porque ayuda a reducir el desperdicio alimentario, sino porque también permite cocinar mejor, con más conciencia y creatividad. ¿Por qué merece la pena aprovechar las pieles de las verduras y frutas en el día a día?
- Más nutrientes de los que imaginas. Muchas vitaminas, antioxidantes y compuestos bioactivos de frutas y verduras se concentran justamente en su capa externa. Un ejemplo claro es la patata, cuya piel aporta fibra y polifenoles, o la manzana, rica en quercetina. Tirarlas es, literalmente, tirar salud. ¿Sabías que, según los estudios, la peladura de manzana contiene entre 3 y 5 veces más vitamina C que la pulpa? ¿O que tirar la mondadura de una pera supone reducir su fibra hasta un 34%?
- Menos desperdicio. En Europa se desperdician más de 59 millones de toneladas de alimentos al año, es decir, unos 132 kilogramos por persona, de acuerdo con Eurostat. Aprovechar las pieles de las verduras y frutas es un gesto pequeño, pero suma. Y mucho.
- Más sabor y textura. Las pieles aportan matices interesantes. Un caldo con pieles de cebolla o zanahoria tiene más profundidad. Y unas chips de piel de patata bien hechas compiten con cualquier snack industrial, ¿no crees?
- Ahorro real en la cesta de la compra. Cuando exprimes un ingrediente al máximo, compras mejor y reduces el gasto en alimentación. Además, hay un punto casi lúdico. Convertir lo que iba a la basura en algo rico tiene su gracia.
¿Qué hacer con las pieles de las verduras?
¿Cómo poner estas ventajas en práctica? Aprovechar las pieles de las verduras y frutas es más fácil de lo que parece. En el caso de vegetales y hortalizas, aquí tienes varias ideas para alcanzar el ‘zero waste’:
- Caldo de verduras casero. El clásico que nunca falla. Guarda en un táper pieles de cebolla, zanahoria, puerro, ajo o apio. Cuando tengas suficiente, cuece con agua, una hoja de laurel y un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Resultado: un caldo sabroso, barato y sin aditivos.
- Batido detox. Si las pasas por una batidora a máxima potencia, puedes aprovechar las pieles de las verduras para preparar en cuestión de minutos un batido nutritivo y saludable.
- Chips crujientes al horno o freidora de aire. Pieles de patata, boniato o zanahoria bien secas, un poco de aceite, sal y especias son los únicos ingredientes para preparar un snack saludable y sabroso. En este caso, aprovechar las pieles de las verduras incluso se vuelve adictivo.
- Pestos y salsas verdes. Las pieles de calabacín o berenjena, bien cocinadas, se pueden triturar con frutos secos, queso y aceite para crear salsas sorprendentes. Funcionan genial con pasta o verduras asadas.
- Salteados y rellenos. Algunas pieles, como las de zanahoria o calabaza, se pueden picar finas y añadir a sofritos, empanadillas o rellenos de verduras. Nadie notará la diferencia, salvo el sabor.
- Deshidratadas como condimento. Secar pieles de tomate o pimiento y triturarlas da como resultado un polvo intenso, perfecto para aromatizar platos. Un truco sencillo para aprovechar las pieles de las verduras con un toque creativo.
- Usos en jardinería. Otra opción es dedicarlas al compostaje. Las mondaduras de los vegetales enriquecen la tierra del huerto o jardín.
¿Qué se puede hacer con la cáscara de las frutas?
Aprovechar las pieles de las verduras suele ir de la mano de no desperdiciar tampoco las cáscaras de fruta, que dan mucho juego en la cocina dulce y salada. ¿Qué puedes obtener con estos restos?
- Ralladuras aromáticas. La piel de limón, naranja o lima es oro puro. Rallada en el momento, transforma un bizcocho, una ensalada o un pescado. Además, puedes secarla, triturarla y guardarla en un bote para hacer un condimento afrutado siempre a mano.
- Infusiones y aguas saborizadas. Las cáscaras de manzana, pera o cítricos se pueden usar para aromatizar infusiones o agua fría. Refrescante, digestiva, natural y sin azúcar añadido.
- Confituras y mermeladas. La piel de naranja o mandarina, bien tratada para eliminar el amargor, es la base de dulces tradicionales que nunca pasan de moda, como mermeladas o frutas escarchadas.
- Deshidratadas como snack. Rodajas de piel de manzana, plátano o mango, horneadas lentamente con una pizca de sal, se convierten en un tentempié saludable. No sustituyen a la fruta fresca, pero cumplen su función.
- Vinagres y licores aromatizados. Guardar pieles de cítricos en vinagre o alcohol durante unas semanas también te permite crea bases aromáticas ideales para aliños o postres. Un detalle sencillo que potencia cualquier plato.
- Premios para mascotas. ¿Tienes perros, conejos, hámsteres en casa? Guarda las pieles de la manzana, la pera o el plátano como premio. ¡Les encantará!
- Usos para el hogar. Las pieles de las frutas, especialmente los cítricos, también sirven como limpiadores o ambientadores mezcladas con otros elementos aromáticos. También puedes hervir la piel de la granada o la remolacha, por ejemplo, para obtener un tinte textil natural, si eres fan de las manualidades. Y si tienes plantas o jardín, estos desperdicios también actúan como abono para la tierra.
- Aplicaciones cosméticas. Por último, las peladuras de algunas frutas están llenas de vitaminas ideales para el cuidado de la piel. Por ejemplo, la cáscara de aguacate es súper hidratante, el plátano sirve como exfoliante con algo de azúcar y la naranja tienes propiedades antiacné.
Eso sí, tanto en frutas como verduras, es crucial lavar las pieles a fondo para eliminar impurezas y restos de pesticidas antes de usarlas. Además, elige las adecuadas. Esto supone evitar las pieles muy amargas o difíciles de digerir, como las de algunas alcachofas, aunque otras como las de manzana o zanahoria son muy beneficiosas.
Como ves, la cocina de aprovechamiento es sólo cuestión de ingenio y costumbre. El primer día lo descartas, el segundo pruebas y a partir del tercero ya guardas las mondaduras sin darte cuenta. Y así, casi sin querer, aprovechar las pieles de las verduras y frutas se integra en tu forma de cocinar. ¿Quieres seguir explorando ideas prácticas, sostenibles y llenas de sabor? Pásate por el blog de Coosur, donde hallarás inspiración para cocinar mejor, desperdiciar menos y disfrutar más del proceso.
